Peores Momentos

Un puma en nuestro campamento

Texto: Pedro Hauck

La Ruta 40 en la Patagonia argentina seguramente es una ruta desierta y casi nadie pasa por ahí en mayo. Las únicas personas que circulan por allá son estancieros y viajeros mal informados. Los estancieros viven de la creación de ovejas, Y cubren grandes distancias con sus camionetas en un mismo día. Con ellos conseguíamos lentamente movernos por la ruta. Una vuelta, un estanciero nos dejó en un bar/hotel a la orilla de la ruta. Era un lugar estratégico, pues como no existen ciudades por allá, las personas que viajan por la ruta, hacen noche en aquél lugar para seguir viaje en el día siguiente. Después de algunas horas esperando, en Tamel Aike (así se llamaba el lugar), conseguimos que un señor nos levante hasta Gobernador Gregores, una ciudad en el medio del nada. Dejamos nuestras mochilas en la parte de atrás de la camioneta del señor, donde habían una cama y dos cabezas de ovejas cubiertas con un trapo. Sin darnos ningún tipo de explicación, aquél personaje, que parecía el papá Noel con ropas de cocodrilo dundee, nos dijo que pongamos las mochilas arriba de las cabecitas que no había problema. Cuando entramos en la cabina, el señor nos pasó un fusil 7,65 mm que estaba en los asiento antes que nosotros y nos dijo:

_"Cuidado para que no se rompa la telescópica!"

Según él, aquello era necesario por los pumas que le comían las ovejas.

Aquél fue nuestro primer contacto con este ser mítico a nosotros, el puma. Era una cosa muy distante y jamas nos imaginábamos en encontrar uno de verdad. Al cruzar la tranquera de algunas estancias, siempre nos fijábamos en la entrada, porque a veces había un puma muerto, colgado en el alambrado para espantar los demás.

Los pumas naturalmente se alimentan de Guanacos, ñandúes ó Maras, pero, con la intervención del hombre y la adicción de ovejas en Patagonia, los pumas tuvieron que cambiar sus hábitos alimentares para las ovejas, muchísimo más fáciles de cazarlas.

En un momento, la ruta se bifurcaba, para la izquierda, uno iba para Gobernador Gregores, para ;a derecha, siguiendo la 40, uno iba para El Calafate, nuestro destino. Dicho y hecho, nos quedamos en la ruta, nos despedimos, y empezamos a caminar. No muy lejos de ahí, encontramos un puente sobre el río Chico y decidimos intentar la suerte, pues el señor nos dijo que sería muy fácil conseguir que alguien nos levante hacia el sur. Esperamos el resto de la tarde, y nada, todo el día siguiente, y nada. Quiero decir, nadie pasó. Todavía confiante en la palabra de papá noel, nos quedamos una noche más. Antes de dormir, fui pisando de piedra en piedra, abajo del puente, para agarrar algo de agua para la cena, siempre buscando un lugar para no atascar los pies en el barro.

La noche fue muy rara y escuchamos algunos ruidos cerca de la carpa, pero ni pensar en ir a ver lo que era. En la mañana siguiente, al volver al río para agarrar agua, encontré algunas huellas enormes, casi del tamaño de mí mano, era patas de un puma. Después de encontrar más rastros del animal, un ñandú muerto y una pata de un guanaco, concluimos que allá era el restaurante del Puma y nosotros éramos intrusos.

Por suerte, después de 2 días esperando en el mismo lugar, conseguimos salir de allí, gracias a la buenas ganas de un señor y su hijo que iban al sur.

Fotos de la Patagonia

 

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